domingo, 4 de mayo de 2008

En el recuerdo de un Talismán

Seguimos con anécdotas de recitales... y esta vez quería contarles la historia de cómo conseguí mi primer “souvenir” en un show de Cielito Razzo.
Corría Julio de 2006, y después de haber presenciado su primer Obras, teníamos a la banda tocando cerquita de casa, en el Teatro Flores.
Allí fuimos, temprano como siempre, con Cielo (María del), Pablo y mi hermano.
Conversando sobre temas varios, le manifesté a Cielo –mi amiga-, que presentía que esa noche me llevaba un “souvenir” -y a partir de esa charla es que utilizo usualmente la palabra “souvenir” para referirme a todo elemento que los artistas regalan (o arrojan, como quieran…) a algún afortunado integrante del público-.
Soñando despiertas, haciendo unos cálculos matemáticos y trazando ángulos y líneas imaginarias, acordamos que apenas empezara “Sin Salida”, canción que por ese entonces solía cerrar cada recital, nos íbamos a ir bien al centro, un poco a la derecha y ella me ayudaría a saltar para atrapar alguno de los palillos que iba a tirar Javier Robledo.
“Pero vos… sos tan veloz… sos superior…” y se venían los últimos dos compases de “Sin Salida” y nosotras estábamos del lado izquierdo, adelante, con gente a los costados, arriba, abajo… nunca mas lejos del lugar planificado para conseguir nuestro “souvenir”. Sin embargo, con la vista fija en Javi, vemos que su mirada encuentra la nuestra, y que de repente el palo venía para nuestro sector…
Descanzo en el consuelo de que tal el vez el salto no fue “el mejor”, para justificar que el chico de al lado haya atrapado la baqueta. Pero se vé que la fantasía de llevarse el souvenir no convivía en mí sola, sino que otro razzero intentó quitárselo a quien en buena ley lo había conseguido, y allí empezó un forcejeo feo que hizo que todos se alejaran y que dio como resultado:
-palillo dividido en dos partes
-y producto de la salomónica riña, un pedazo mucho mas pequeño yaciendo ahora en el piso.
La palmada de Cielo (la chica) en mi espalda, me decidió a ir a luchar para demostrarle a Enri y a Pablo el nivel de efectividad que tienen mis presagios. Asique corrí, y agarré esa astilla que refugié entre mi puño para que a nadie se le ocurriera querer enfrentarse conmigo en un duelo como el que habíamos presenciado con anterioridad.
Cuando salimos y contamos la proesa, a nadie le pareció “tan alucinante”, como lo fue para nosotras.
La semana que se iniciaba después de ese show, era para mí una semana complicada, donde tenía que tomar importantes desiciones, y continuar con una vida llena de responsabilidades y problemas, pero como dicen: “nadie quita lo bailado”, ni lo pogueado, ni lo vibrado esa noche, ni eso que Pino desde "El silencio del Ave" nos supo enseñar: “en el recuerdo de un talismán, guardás la esencia de tu inocencia”.
Aquí les muestro el souvenir:

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